
Duelo y Perdida
“Aunque pienso que no lo pienso, si lo pienso y lloro al pensarlo”
Ryokan
El fallecimiento de un ser querido es uno de los dolores más complejos de sobrellevar, ya que provoca emociones abrumadoras que parecen no disminuir con el tiempo, pone en cuestión nuestra identidad frente al mundo y tiene el potencial de alterar nuestros planes de vida.
De manera similar, la vida nos presenta con otro tipo de pérdidas mucho más sutiles y, a menudo, difíciles de detectar. Estas ocurren, por ejemplo, cuando lidiamos con la ausencia de alguien que migró fuera de nuestra ciudad o de un miembro de la familia que ha dejado el hogar tras un divorcio. En este caso, la persona puede estar físicamente ausente, pero emocionalmente presente. Asimismo, cuando hablamos de la pérdida ambigua, nos referimos a ausencias emocionales, por ejemplo, las que se viven durante en desarrollo de enfermedades degenerativas como el Alzheimer, adicciones u otros trastornos psicológicos. En casos como estos, se enfrenta la ausencia emocional de un familiar cuya presencia física requiere cuidados que se derivan de la condición de su salud.
Estas pérdidas, al igual que un duelo, causan sufrimientos prolongados y agotadores, pues quien los experimenta no visiona con claridad el término del dolor. La consejería permite un espacio de apoyo y aceptación que ayuda alivianar la carga emocional que deviene de la incertidumbre que permite lidiar con el dolor y buscar alternativas funcionales a dificultades que están fuera de nuestro control.
Durante las sesiones se le brindará apoyo para:
Tratar sentimientos de desamparo, desesperación y estados anímicos depresivos constantes
Lidiar con sentimientos de culpa, ira o pensamiento relacionados con el suicidio
Identificar y sobrellevar aspectos traumatizantes relacionados con la pérdida
Navegar cambios en los modos de vida y encontrar sentido a pesar del dolor
Crear una red de apoyo